miércoles, 18 de agosto de 2010

¿Por qué caminas, caminante?

Arena. Polvo. ¡Huella!: Un camino.
Abeja. Néctar. Hierba. Su olor.
Un pájaro. ¡Trina! Al cielo. Y al Sol.
Un árbol. Su copa. Susurro de bosque,
sombreado horizonte marrón.

Descansa. Detente. Contempla.

Agua, vaivén y madera: El mar.
Cangrejo. Salitre, e incienso silvestre.
La ola, su espuma, marea, poniente.
La roca, ¡quebrada! Reseco escozor,
secreto confín repintado de verde.

Descansa. Detente. Contempla.

Ascua, empedrado y arcilla: La aldea.
Anciana y fogón, y hornada de pan.
La niña, ¡su risa!, y el níveo cantar.
La torre. Que tañe. Del huerto a la Iglesia,
a obrar los destinos de la humanidad.

Descansa. Detente. Contempla.

Aura, penumbra y linterna: ¿Mujer?
O el canto del búho o la hiel de ballena,
o el grillo o la dama de noche recuerdan
al lento deseo de verte y de hallar
tu bosque, tu aldea, tu mar o mi estrella.

Descansa. Detente. Contempla.

Prosigue.
Alberto Cancio García
Fotografía: Google

1 comentario:

  1. Cuánto movimiento, y qué bello. Fíjate, precisamente el que nos hace falta. Gracias por actualizar, alma mater de este blog.

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