Caminaba el viajero Paul por la calle Veedor con su maleta cuando dos chicas que cuchicheaban sentadas en un escalón se acercaron:
—Perdona, ¿tienes hora?
—No. Lo siento.
—¿Y novia? —se apresuró a preguntar la segunda.
—¡Tampoco! —respondió sonriendo el viajero.
Y la comunicación tuvo éxito.