miércoles, 27 de julio de 2011

Nueva entrada en La Taberna del Pirata

DEL NASCIMIENTO Y CRIANZA EN CÁDIZ DE MI PRIMO ALBERTO CANCIO, EN CIERNE CAPITÁN DE LOS ESPÁRRAGOS, SU HERMANO BANDOLERO JESÚS Y UN SERVIDOR, Y DE CÓMO SOLVENTAMOS SEPARARNOS 


(da una estocada al título para seguir el enlace)





Los aires jubilosos que habrían ser Cádiz por todos los tiempos remotos –esta ciudad misma, sola, tañida de las coplas de sus gentes lozanas y el trajín de sus carros – vieron nascer, veintiséis años ha, en un día del mes de Octubre de los de calor tardío y marejada fuerte, un mozuelo de cuyas quiebras se harían eco los patronos de la Historia a más reciente...



Alberto Cancio García




domingo, 17 de julio de 2011

CAZAR AL AVE

Antes que del tambor de mis latidos
-serenos de amarte-
broten inquietos redobles, y el aire
en hoz se cierre al violento platillo;

antes que el torbellino
al verte, eleve al viento en un instante
mi apetito, y rice y venza y se lance
a hundir el lecho que ambos construimos;

así como el padre al hijo destierra
por amarlo, y así
como el árbol renuncia a sus flores...

por dar un fruto que dé otras nuevas,
yo habré del mismo modo irme de ti,
dejándote feliz aunque te añore.




Alberto Cancio García

2.Un comienzo de día algo peculiar (maldito perro)


El Masnou no es muy acogedor a las 6 y media de la madrugada, y menos en esta época. El viento azotaba los árboles, parecían incluso silbar, pero a modo de burla, como riéndose de alguien que a esa hora estaba en la calle sacando a un chucho y tirando la basura. Vaya postal la mía. El sol aún quedaba escondido, en cambio la luna seguía en su máximo esplendor, dándole vida a la noche. Algo me decía que ella era la culpable de que este frío congelara incluso el alma, de que tuviera que salir a la calle con dos camisetas, una sudadera, un chaquetón y una bufanda -aunque el pijama jamás hay que olvidarlo-, además de dos pares de calcetines, que si no luego llegaba al trabajo con los pies helados -que más que pies parecían frigopies-.

Total, que estaba haciendo yo mi ronda de todos los días, cuando al ir a tirar la basura, me asustó una figura que estaba al lado del contenedor, parecía un cuerpo. Resultó ser un hombre muy delgado, con el pelo corto, iba vestido con un traje como los de los mafiosos de las películas. Al notar mi presencia, levantó la cabeza y clavó sus ojos en mí. Junto a él había un maletín negro que no sé como, pero de alguna manera, logró captar casi toda mi atención. El extraño levantó los brazos, medio moribundo, y dijo: "Llevate el maletín, que no caiga en malas manos". Cuando hizo un mal gesto con la cara noté que tenía varios tiros dados en el pecho, aquellas fueron sus últimas palabras.

Y allí estaba yo, con un hombre muerto y un maletín que a saber qué contenía. Me deshice por fin de la bolsa de basura y fui a alcanzar la pertenencia de aquel cuerpo ya inerte. Para mi sorpresa, al abrirlo sólo vi billetes de cien y quinientos euros que llenaban el maletín hasta rebosar. "Me ha tocado el premio gordo", fue lo primero que pensé, sin dejar de mirar aquel sueño casi inalcanzable, con los ojos como platos. Luego caí en la cuenta de que tenía a alguien muerto y un dinero que no tenía ni la más remota idea de dónde había salido. No sabía qué hacer y ,para colmo, al chucho no se le ocurre hacer otra cosa que mear encima del difunto. Menudo plan. Noté que allí peligraba, así que lo que hice fue coger el maletín y ,antes de arrepentirme, salí pitando hacia mi casa.

Fotografía: Cubo de basura (de mi Instagram)

viernes, 15 de julio de 2011

1. Empezando las andadas.


Era una sombría mañana de otoño. Me disponía, como a diario, a pasear a la mascota de la familia, un pequeño perrito pequinés llamado Flama -recuerdo cómo mi hijo decía:"que sí papá, que yo lo cuido y lo saco a pasear", y un jamón, ahora tengo que hacerme cargo yo- cuando mi querida esposa hizo que me parara casi al entrar en el ascensor. Venía con dos bolsas. Intenté escabullirme, pero no pude: además de pasear al perro debía tirar la basura. Más tarde pude comprobar que aquello cambiaría mi vida. Y luego dicen que por ayudar en las tareas de casa no ocurre nada malo...

Fotografía: Amanecer en Cádiz (de mi Instagram)

jueves, 14 de julio de 2011

Era un sábado lluvioso...



… Y las enormes gotas golpeaban y volvían a golpear los cristales de Tomás mientras que él miraba por la ventana con la esperanza de ver algún claro en el horizante. Ese día, precisamente ese día, tenía mil cosas que hacer fuera de casa, pero estaba lloviendo. Odiaba la sensación de la lluvia. No le gustaba la idea de ir andando por la calle esquivando charcos para evitar que sus zapatos, sus preciados zapatos, se mojaran y estropearan. Además, la última vez que salió mientras llovía terminó por resbalarse en pleno centro de la ciudad, mojándose hasta los calzoncillos. Desde entonces, decidió que si no era estrictamente necesario salir mientras llovía no lo haría. Miró de nuevo por la ventana y vio que llovía aún con más fuerza, por lo que empezó a pensar qué era exactamente lo que tenía que hacer hoy.

Tenía que ir a la librería del centro para recoger el último encargo y también pasarse por el pequeño centro comercial que había dos calles más allá y hacer la compra de la semana. Al recordar esto se acercó a la cocina a comprobar que tenía víveres necesarios. Comprobó que sin problemas podía aguantar hasta el lunes y salir a hacer la compra, por una vez desde que vivía solo, después de salir del trabajo. Como el encargo de la librería tampoco le corría prisa decidió que, en caso de que no lloviese, también iriá el lunes, antes o después de hacer la compra. Miró en su agenda para ver si tenía algo apuntado para hacer ese día, aunque Tomás siempre terminaba por no apuntar nada en la agenda. Cuando se la compraba nueva apuntaba cada cosa que se le pudiese olvidar. A las dos semanas ya ni se acordaba de que tenía agenda. Como era de esperar, no había nada apuntado en la agenda. Intentó recordar y vislumbró entre los rincones de su memoria alguna tarea pendiente, pero intuyó que era fuera de casa, por lo que desistió al volver a mirar por la ventana y ver que casi no se veía ni la calle debido a la tormenta que hacía.


No quería mojarse. Hoy no quería mojarse. Eran las doce de la mañana y todavía no había comprado el pan, aunque terminó por pensar en que si bajaba a por el pan terminaría mojado por mucho que llevase paraguas, por lo que tampoco tendría pan del día hoy en casa. Al volver a mirar por la ventana notó que la lluvía había cesado un poco pero que persistía. Al ver que la lluvia no dejaría de caer en todo el día decidió que era tontería intentar ir a la librería y al centro comercial o a comprar el pan si por ello iba a pagar el precio de tener que estar todo el camino con los zapatos mojados. A fin de cuentas, tampoco el mundo iba a pararse porque un fin de semana no hiciese la compra o porque no fuese a recoger el paquete a la librería, así que decidió arrebujarse en su manta y sentarse en la cama a leer hasta que el estómago le exigiera alimento o hasta quedarse dormido, lo que pasara primero.


Fotografía: It's raining (de mi Instagram)

domingo, 10 de julio de 2011

PROBEMOS

He leído a Walter Evin,
Sammuel Doms y Martin Cooward,
y aunque acabe de inventarlos,
tú has creído que eran hombres
en el lapso de leerlos.

Créeme. Así es la vida.




Alberto Cancio García

miércoles, 29 de junio de 2011

RAMA

Pensar en decirte lo que pienso,
ahora, lo que quiero y deseo
con fuerza,
y meterme en la cama
sin soltarlo.




Alberto Cancio García 

miércoles, 22 de junio de 2011

POLLA VIEJA

Qué terrible es verlos por las calles,
menudos y feos como roedores,
y advertir, de la grave encorvadura
de su espalda, un poema de brío.

Qué terrible atisbarlos en los bares...
donde ensayan los giros de su nombre
y lo reescriben por si queda alguna
duda de que ellos: firman libros.

Qué execrable ruido ignoto, su canción,
cebada con el fuego de otras vidas
soberanas que nunca emularán.

¿Qué solemne panteísmo les dictó
las reverencias que ejecutan? Si tal
vez fuera de color la vanidad...



Alberto Cancio García

jueves, 16 de junio de 2011

Y al fin, nueva entrada en La Taberna del Pirata




Pliego primero


Tres noches ha que sígole la huella a la razón, mi leedor improbable, por echar de ver qué atajos o licores habrían hilvanar las historias azarosas de mi primo, y que éstas, tan bien descritas de punto y coma, llegaran a vos con la gracia y el donaire tal cual ocurrieron allende los mares. No me hurtaría de sueños la dicha empresa en caso cualquiera y tan de alborada, sino por razón de saberlo dormido ahora en un cuarto de mi hospedería, ¡tan cercano!, en habiendo arribado hoy mesmo a Cádiz tras diez años de cara, carísima ausencia. Primo hermano mío, de los mares y los bosques venturado, el cuál en fortuna apuntaba maneras, y de cuyas todas habría logrado precio a no ser por la insana manía de la Libertad, que si yo mismo anduve tras sus faldas livianas, que es el hecho, no lo fue por siempre y ciego, mas sí prevenido de recelo después. Así vinimos a tirar cada uno por su cuenta siendo mozos, yo casado con la Corte y él amante de la mar, y en sabiendo uno del otro por las bocas del gentío... 



Alberto Cancio García

martes, 14 de junio de 2011

PUERCOS

¿A qué BESTIA inmunda se le ocurre
fechar los exámenes en vísperas del Plenilunio?
¿Qué BICHO cruel y horrendo elabora el calendario
y va tachando, una a una, las noches de Luna Creciente?






Alberto Cancio García
Fotografía: Pustkomic (Modificada)

domingo, 12 de junio de 2011

SAL Y SABIA

A las doce repicaban las campanas, era tarde;
y el revuelo -como un manto de aguas turbias
espantadas del abismo- prodigaba las estampas
de la muerte. ¡La parroquia, a la parroquia!
Condenados a su suerte, se arrojaban a la gloria,
y ondulaban en el aire, como globos pestilentes.



Alberto Cancio García

sábado, 11 de junio de 2011

Excmo. Dios

Ruego me indique si es Ésta la única vida
o habrá algunas otras después.
Me urge saber si podré ahogar sin prisas
la sed de una sÓla mujer.


Alberto Cancio García

viernes, 10 de junio de 2011

A Lorena y Javi

Hay una atmósfera roja
en el lecho del mundo:
rosados estratos que adornan
senderos por que ellos caminan
a prisa, entre sábanas locas
de vida y azul de mañana serena.

Hay un fulgor en la Tierra
trazando ciudades,
arroyos de piel que entretejen
un mapa de besos eternos.

Y ellos lo saben.





Alberto Cancio García

Fotografía: Google

lunes, 6 de junio de 2011

CONFESIONES (I)

Yo, como tú, como nosotros,
también me he preguntado:
por qué -¡por qué demonios!-,
sin que nadie lo haya dicho,
previamente ya sabía
que francesa fue la cuna
de la Lencería.






Alberto Cancio García

viernes, 3 de junio de 2011

Hay algo en ti

Hay algo en ti, en tu nombre,
que inspira, quema y enloquece:
Una fuerza silenciosa,
como de leve riachuelo caudaloso,
un violento magnetismo,
nuevo, salvaje y extraño...
Una dulce melodía de quietud
de clavicordio y de sirena embelesada,
una luz de sencillez
y un corazón estrepitoso al mismo tiempo...

un cri-cri y un palpitar de Noche oscura
de tormenta,
que te liga, de inmediato, con aquello
que tan sólo puede verse
-y tocarse-
en la turbia nebulosa de los sueños improbables.

Ni aun olerte, ni aun mirarte.
Sólo hacer como el que siente,
cuando llueve, suavemente,
que en la piel nívea y caliente
de la nuca descubierta,
suena el eco diminuto de una chispa,
congelada.

Es el gélido aguijón de tu presencia en una gota.
De una ausencia resentida.
De una gota de locura, una gota, gota, fría.





Alberto Cancio García
Fotografía: Google

jueves, 2 de junio de 2011

COPLA DE PIE VENDADO

Cuando miras por encima,
como aquel que me preside,
yo te canto mi coplilla
con salero, palma y chiste:
¡Ay, que tú negarme puedas
no hay ni habrá ningún fulgor,
aunque oculte tu melena
los rayitos de ese Sol.

No eres tú su última sombra.
Que la última soy yo!



Alberto Cancio García

domingo, 29 de mayo de 2011

Delantero Anfiteatro

Mirarte,
sobrio de inmunidad el ojo,
por ser público y no ojo,
y fingir que admira aquello
que se espera que examine,
y examine, y examine sin tapujo
-formas, lineas, movimiento-
porque así tienen las cosas
su sentido metafísico.

A ti, pero no a ti, desde lo oscuro.

Manos, sienes, curva, ombligo,
tierra, velo, idea, signo.
Música.

Pecho agitado y oscilante
que traza las ondas sombrías
del halo imaginario.

Tu cuerpo pero no tu cuerpo,
en virtud de espectador, miro.

Fuego, llanto, sed, quimera,
fuerza, rabia, sinestesia.

Un baile, danza, danza.

La sonrisa del ahora, el beso,
siempre, siempre el beso
y la luz blanca, el ciclorama
que no existe y es el bosque,
es el palacio, es el soporte...
de tu vida. Danza.

Sal, calibra, elonga, vibra:
Sacude el manto inmenso
de tu cuerpo movedizo
en cualquier método,
sistema, singladura,
idiosincrasia.

Sólo, sólo gira.

Delirio de arrebatos y vehemencias,
y entusiasmos.

Es ahora tu momento,
el momento no momento.
Un baile. Tu baile.
Un cuerpo. Tu cuerpo.
El arte. Tu arte.
O tú.




Alberto Cancio García
Fotografía: Google

miércoles, 25 de mayo de 2011

NOCHE (I)

Cigarra: prosigue irradiando.


Tal vez el rasgar de tus patas



entone el perfecto poemario



que no hallo a escribir con palabras.






Alberto Cancio García

Fotografía: Google

martes, 24 de mayo de 2011

Delirios de servilleta (I)

No es oro todo lo que en ti reluce:
también brillan tus ojos,
y valen más que cien lingotes de oro.


Jorge Andreu
24 de mayo de 2011
Cádiz, cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras

sábado, 21 de mayo de 2011

CRÓNICA DEL DESCONCIERTO 1

Siéntelo. Aquí. Allá.
El mundo vibra.
Justo ahora.




Alberto Cancio García

martes, 17 de mayo de 2011

NADA

Escribo un poema que no es nada
sino amarte en silencio y evocarlo,
regocijarme en el hecho en sí mismo
de desearte, confidencialmente,
como un niño, pese a tu ausencia.

Llegado a este punto, consciente, sé:
No serás mía. Nunca Jamás.
El viento obedece tu antojo
-lo llevas tú a él en volandas-
y luego, altiva pantera,
tus sienes descansan si quieren
sobre otras ajenas.

Pero ya me
conoces y no,
no haría yo un Mundo de ello, ¿verdad?
pensarlo tan solo y decir:
¿por qué? Si tú ya eres Uno y te tengo...

¡Vale, no ahí afuera! ¡Los vientos son tuyos
y el Mundo es el Mu
ndo! No estás
en mi calle, en mi Noche, ni juntos
trepamos murallas, ni hallamos
historias en las marejadas,
ni erramos, mojados, en busca de truenos
que hieran los mares oscuros...
Vale. No ahí fuera en el Mundo.

Mas, ¿sabes?, aquí en esta cara de folio,
la hoja, el papel, la cuartilla,
yo te digo y te compongo a sangre fría,
te trazo y le doy forma a tus caderas,
y planto –todo tuyo- este color a tus pupilas,
la textura a tu melena, la raz
ón a tu sonrisa,
plagio a plagio, letra a letra;
y así, bien novelada, tan descrita con certeza,
sobrevuelas mis océanos
 como un canto de sirena.




Alberto Cancio García
Fotografía: Marina

viernes, 13 de mayo de 2011

INFORMACIÓN DE ERRORES

Queridos seguidores:

Quisiera informar de que, debido a las obras de mantenimiento que se están realizando en Blogger, la última entrada - el soneto "Las mujeres a que no aspiramos"- así como los comentarios que figuraban en ella, se han suprimido.

Según los colaboradores de Blogger, será restaurada durante las próximas horas.

Ruego disculpen las molestias.



Un saludo
Alberto Cancio García

miércoles, 11 de mayo de 2011

LAS MUJERES A QUE NO ASPIRAMOS

Son eternas, e instantes subrepticios
a la vez, porque todos conocemos
sus medidas, los olores blasfemos
que visten y el desnudo en sus indicios,

mas, nacientes apenas, los solsticios
de las calles las ocultan. Las vemos:
Pasean, van de compras, y creemos
atisbarlas tras perpetuos edificios.

Bajan de coches y salen perfectas,
radiantes de nuevo, protagonistas,
y el vaho de sus pieles ígneas revuelve

la calle de quiebros. ¡Son insurrectas
manzanas rodantes que, imprevistas,
sacuden el mundo un instante...

...y no vuelven!




Alberto Cancio García
Fotografía: Kevin (Arte Comestible)

martes, 10 de mayo de 2011

CENTÍMETROS DE AIRE

Yo querría ser alto,
como el cielo alto,
los edificios altos,
las farolas, los pájaros,
los semáforos altos,
los aviones, un salto...
Querría ser tan alto
como el eco de un canto,
una voz incesante,
que llegara volando -
cual plástico que el viento
lanzara por lo alto -
para ver desde el aire,
tú siempre bailando,
si cabría ser tu amante
desde tan bajo.



Alberto Cancio García

viernes, 6 de mayo de 2011

EL FIN DEL PRINCIPIO

Noche ha caído, eterna, sobre los roídos muelles de la isla de Nueva Providencia. Una sábana de espesa niebla se apodera de la bahía y amenaza con vaporizar el armazón de los navíos que, fondeados en ella, reposan la quilla tras un día de intrépidas hazañas y excitante navegación. La brisa marítima, caliente, golpea a bocajarro e insistente contra las paredes calcáreas de las casuchas levantadas junto a la playa, y trae consigo el olor a pólvora y sangre que las batallas navales derramaron hoy sobre el mar Caribe. Un arrullo lejano. El aura, que gime entre las abruptas cornisas montañosas a espaldas del pueblecito, entona melancólicas baladas amerindias ya usurpadas a esta tierra, e invade de improviso a los marineros que decidieron pasar las horas de oscuridad vagando en solitario por selvas o acantilados.

Nueva Providencia, como todas Las Bahamas, se prepara para otra noche templada y añeja en que el romanticismo desaforado torna en amorfa papilla los valores que la corona española tratara de imponer antaño. Nos encontramos en Nueva Providencia, la Isla de los Proscritos, la Sede de las Libertades, la República Romántica de los Piratas.

Ni a media yarda de las complejas formaciones coralíferas que, en variopinto mosaico, componen la apacible ensenada, se alzan atrevidas las primeras casitas blancas de un pueblo silencioso y sombrío. Los despojos ruinosos de lo que un día fue la gran muralla de Colón circundan a trompicones la superficie ocupada y ofrecen al poblado un aspecto sólido y cándido. Anchos senderos arenosos flanqueados por tierras de cultivo y abundante vegetación tropical, ascienden ladera arriba para ceñirse de pronto entre la madera y la cal de las estrechas calles empedradas. Unas callejuelas que pintan la nostalgia de tenue amarillo con las luces de sus lóbregos faroles, en virtud de finos pinceles, y que acomodan su forma a la caprichosa disposición de las sencillas casitas costeras, jamás superiores a la altura de dos pisos.

Quietud. Quietud sobrecogedora, envolvente. Y la estela efímera de un felino rasga en silencio la etérea oscuridad de la calle WoodLeg sin dejar rastro a su paso.


Alberto Cancio García

viernes, 29 de abril de 2011

À la recherche du temps perdu

Hoy
se arrugó una servilleta de papel
mientras en vano trataba de plancharla.
Así de moribundo estaba el tiempo,
indomable, travieso entre mis manos.
Ni el café, ni los libros, ni los besos
mojados como amargas magdalenas
querían ofrecerme
un leve brote de tranquilidad.

Adrian Leverkühn me da dolores de cabeza,
Gregorio Olías aún sigue mintiendo
en una triste línea telefónica,
y finge ser un pobre enriquecido
de gracia aquel Valjean tan desgraciado
que ayuda a los residuos de la gente
a cambio de sonrisas.
Yo, tristemente, intento
tan sólo ser el mismo.

No sé si lo consigo: estoy ausente,
como el frío en primavera,
como el hielo en agua fresca.
Pero sí estoy seguro de unas cosas:
las siento, y así vivo el presente.
Tratando de planchar las servilletas
mientras el tiempo se derrama
y ensucia mi mesa, este recinto
privado de mi alma, donde tacho
los días verso a verso.

Así lo siento.

Así dicen mis ojos malheridos,
casi muertos.


Jorge Andreu
29 de abril de 2011

lunes, 25 de abril de 2011

CONVOCATORIA URGENTE



Como excmo. portavoz del grupo literario La Generación del Ocho y en virtud de la prerrogativa que me otorga dicho cargo, refiero a sus integrantes, a día 25 de Abril del Año de Nuestro Señor, la necesidad urgente de proyectar el calendario de las próximas actuaciones, y desta forma, los convoco a una asamblea de carácter extraordinario en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras a las 10:45 del día de mañana, lo que espero haga constar a los efectos oportunos.


Fdo: Alberto Cancio García,
portavoz de la Generación del Ocho

lunes, 18 de abril de 2011

PRINCIPIO DE LA IRA

No creas que supuso el fin del mundo

tu abandono. Dejarme

sólo fue una reprimenda: el sofoco,

el frío desengaño o

la toma de conciencia…

Mas, yo ya conocía ese dolor,

pues hube de sufrirlo de igual modo

en la helada bañera, al recordar,

de pronto, enfebrecida por la rabia,

no haber encendido el calentador.


El tiempo se detiene, algo acaba.

Pareces suponer el fin del mundo,

pero basta salir de la bañera

y correr en pelotas por tu casa.



Alberto Cancio García

Ampliación del I Certamen Lectorocho

El pato de goma que está incrustado en la parte racional del cerebro del señor Ocho ha decidido que el plazo para entregar vuestros microrrelatos se ve ampliado debido a la gran aceptación por parte del público que ha tenido.

A pesar de que tenemos a la piña mutante y al lemur afeitado cansadísimos y hasta los mismos de leer y leer relatos para puntuarlos hemos decidido que la mejor opción es dejar más tiempo, puesto que dos semanas puede que sea poco. De todas formas, desde aquí os instamos a que mandéis todos vuestra participación porque el premio, que ya lo avisamos en su día, es muy suculento.

También hacemos desde aquí una petición: señor calvo de Perdidos, deja de enviar tantos microrrelatos, por favor, con uno nos vale. Mickey Mouse también nos ha dicho que quiere participar pero no me fio mucho de un ratón que habla, a decir verdad. Tenéis hasta el 15 de mayo.

Ya sabéis, enviar vuestro microrrelato de 600 palabras máximo al correo 'generaciondelocho@hotmail.es' sin comillas. El asunto debe ser "Me gustan las gominolas de colorines". Tiene que estar en un PDF con un pseudónimo. Muchas gracias a todos por participar, sobre todo a Juan José Millás, que nos ha enviado 852 microrrelatos (es broma, sólo ha mandado 800).

lunes, 11 de abril de 2011

VIAJES E IMPRESIONES. CAPÍTULO OCTAVO

Hablan y sobre ellos se cierne entonces un aura de trascendencia espiritual, de mística erudición que tal vez sólo sea el humo, espirado despacio, de sus solemnes cigarros puros. Es un leve flamear entrecano, sinuoso al principio, pero que, desplegándose luego en torno a sus frentes anchas, narices ilustres y ojos ausentes, se eleva sobre la mesa del bar y asciende a los níveos balcones incrustados en la roca, bajo el cerro impresionante de la torre medieval. Allí arriba, en lo más alto, los cuervos lo sacuden, lo desgarran, y a su escándalo y su vuelo tortuoso responden a menudo las miradas, las de ellos y la mía, para pronto regresar –a los balcones, a esta calle, a este bar – impregnados del azul del mediodía:

-Po hí q´an prohibío humá´n loh bareh, hí.

-¡E loh bareh y to lo hitioh! Ya… ni en caha la Mari.

-¡Ni loh colehio ni na!

-¡Digo, digo! En la ahera no he puede. Onde haya niño…

-¡Hoé, po hi no amo podé humá… ni e la caha nuehtra ni na!

El silencio, justo a continuación, da cabida a los graznidos del cielo, pero a ellos no les entusiasman demasiado. No hay atmósfera envolvente que admirar. Ni siquiera parecen ser conscientes, aquí y ahora, del hermoso y escarpado torreón que se alza cincuenta metros sobre nosotros, ni del cielo esplendente que lo dibuja y delimita entre los aires, ni aun del vasto tornasol de las macetas dispuestas calle arriba. Son ancianos: Hombres muy capaces de embriagarse con el busto insinuante de una mesera jovial, pero remembranzas vivientes, al fin y al cabo, de la carne palpitando entre manos arrugadas por los años; una vida ya vivida y el deseo efervescente y reprimido de volver. De volver a ser hermoso, por supuesto, y optar a sostener sobre el regazo un mundo entonces más hermoso que ellos mismos y al que ahora sólo queda sonreír entre las canas. Sobre ellas se pasean ambas manos bien abiertas, y la joven marcha adentro cargada de vasos, así que vuelven a su moderna conversación celebrando un aire de muecas demasiado barroco:

-Y hi dihen que loh trabajadoreh no humen ´er trabaho, no hume en la ahera, no hume en la caha huya, la Mari ha´rruína.

-¡Po harruiná he´queará!

-¡A-hú!

-Qué amo a hel-le nohotro…

-Hueeeno ´stá.

Son aseveraciones incoloras, como pequeñas instancias elevadas al cielo a regañadientes. La resignación transformada en humo de tabaco y magnificada por un paisaje del que ellos mismos son parte ineludible, como el cielo, los cuervos o el castillo. Miran de lejos algo que ya jamás compartirán con el destino –la joven camarera – sin tasar lo que el azar les ha brindado en realidad por el simple hecho de ser, de haber sido en esta historia y lugar extraordinarios. Como el poeta que no canta a su mujer sino cuando de ella sólo quedan tres iniciales sobre una piedra, envejecer aquí los ha habituado a la magnificencia y privado, así, de reconocer el halo de magia que los envuelve. El aura del que sólo yo disfruto por el simple hecho de no ser parte constituyente.

Ahora la mesera viene a mí oliendo a carne en salsa de tomate.

Un plato de la tierra, me dice, y en su guiño y voz entiendo que tampoco es de por aquí, que tal vez ella, como yo, tenga la inútil capacidad de abstraerse. Antes de volver a entrar se ha parado en la puerta y respirado hondo. Yo lo hago a menudo desde mi llegada esta mañana, como queriendo acaparar cada centímetro cúbico del aura que he descrito. En dos días habré vuelto a la ciudad y tocará olvidarse un poco de estos halos. Por el momento, y como denunció Machado que no se canta a lo que se tiene hasta que se pierde, yo seguiré cantando.




Alberto Cancio García

sábado, 9 de abril de 2011

- ¿Dónde quedamos hoy, cariño?

- Dentro de mí... :)

viernes, 1 de abril de 2011

Certamen LectorOchos I

Para fomentar más la actividad y la participación por parte de los lectores y visitantes de nuestro queridísimo pero, de forma desafortunada, escuálido blog vamos a publicar un pequeño certamen en el que vosotros, amados y selectos lectores, tendréis la posibilidad de ganar un premio tan especial como un mono vestido de flamenco bailando el aserejé.

Las bases del certamen son:

- Tema: Un día de lluvia.
- Extensión: 600 palabras máximo.
- Fecha límite de entrega: 15 de Abril del 2011.
- Premio: el premio constará de un microrrelato escrito por cada uno de los componentes de la generación del ocho en exclusiva para ese motivo. El tema del microrrelato lo propondrá el ganador de este certamen literario. Los microrrelatos serán enviados sólo (llamadme rebelde) y exclusivamente al ganador, pudiendo éste publicarlo en su blog o dónde le venga en gana siempre y cuando estén los nombres de los creadores en el mismo sitio (es decir, no vale hacerse dueño intelectual de nuestras obrillas).
- El jurado estará formado por: un lemur afeitado, por una piña mutante y por algún bicho extraño más.

Los relatos han de enviarse al correo electrónico 'generaciondelocho@hotmail.es' (sin comillas) en formato PDF y firmado bajo un pesudónimo. En el asunto del correo hay que poner: "Me gustan las gominolas de colorines"

jueves, 31 de marzo de 2011

PLANTA DE LA CASA EN ZAHARA DE LA SIERRA


Hacer click sobre la foto para ampliar.




Alberto Cancio García

miércoles, 30 de marzo de 2011

VIAJES E IMPRESIONES. CAPÍTULO SEXTO

  • Jamón Cocido
  • Tomate
  • Lechuga
  • Pimiento
  • Pan
  • Pan
  • Pan
  • Chocolate
  • Galletas
  • Cereales
  • Atún
  • Atún con pan
  • Pan con atún
  • Macarrones
  • Fruta, muchísima naranja
  • Desodorante
  • Alfer shave
  • Una linterna
  • Servilletas
  • Papel higiénico
  • Clínex
  • Tres guisantes, tres
  • Una torrija, una
  • Claveles y utensilios de triaje
  • Pantomimas, sí
  • Azucareros varios
  • Una zambomba acusativa
  • Mocos sueltos
  • Muchas casuísticas y cero patatas
  • Tintero a la carbonara y cédula caducifolia
  • Un Pepe vital haciendo el pino en Cuba, no obstante
  • Tizas, cientos de tizas
  • Isotermias nulas
  • Y claras, tantas claras de huevo como leches de cabrito hay en Bosnia Herzegovina

Farmacia: Almax.



Quien quiera que habitara esta casa por última vez no tuvo excesivas consideraciones higiénicas. Mi supuesto familiar vino y se marchó, que se sepa, hace tan sólo dos meses, y había telarañas incluso en el fregadero.

Yo me extraño: Es fácil asumir que haya gente dispuesta a vivir entre la mierda –la podredumbre es rica en curiosidades, ciertamente –pero, en el seno de mi familia, tal cosa espantaría hasta a los muebles del trastero. No es lo propio, digamos. Por ello, intuyo que quien estuvo aquí ni siquiera reparó en el entorno circundante, que no prestó, en realidad, una pizca de atención a la casa, absorto, seguramente, en actividades bastante más divertidas que bailar el son de la escoba.

¡Sí, también yo la odio!, y también me abstraigo hasta el punto de ignorar ese calcetín desahuciado tres días ha por las desordenadas esquinas de mi habitación; pero una cosa es la abstracción, comprensible para urbanitas, hemos dicho, y otra, muy distinta, el estado en que se encontraba esta casa a mi llegada, hace ya tres horas.

Es el tiempo aproximado que he invertido en limpiar el polvo, barrer, y fregar el suelo casi con la saña de un depredador cautivo. Teniendo en cuenta que la vivienda no alcanza más de nueve metros cuadrados de superficie habitable y que tiene un mueble y medio en total, tres horas son una verdadera eternidad. Bastante más de lo que han tardado autobús y taxista juntos en traerme de Cádiz a Algodonales y de allí a Zahara, respectivamente.

Y es que superado el reguero de marismas destrozadas que conforma el litoral gaditano no hago más que enfrentarme a concreciones, ¡demonios! Abrir la puerta es soplar sobre una masa compacta de polvo, telas de araña y hojas podridas, incrustada toda en el a trozos desbaratado suelo de arcilla y deshaciéndose al mínimo contacto. Lo primero, en efecto, es percatarse de la inutilidad de limpiar dichas secciones, pues semeja barrer la playa grano a grano. La arcilla deshecha siempre puede deshacerse más y más, y media hora en adelante la escoba había dejado de ser amarilla. Tal vez si hubieran dado un repaso hace dos meses hoy la cosa no tendría estos tintes bélicos… Muy ocupados debieron estar, ¡ja, ja! Sierra, amor, juegos de mesa… ¡son tantas incógnitas las de esta historia! En cualquier caso, es evidente que nadie pasó un triste trapito, pues acabo de recoger el equivalente a un podrido año de abandono del que no pienso dar más detalles. Soy alérgico al polvo, y ha sido como expulsar el cerebro a cachitos por la nariz.

Aunque bueno. Sonarse los mocos, lavar los ojos con agua clara, y a comprar. Se ha hecho demasiado tarde, así que es probable que almuerce fuera.



Alberto Cancio García

sábado, 26 de marzo de 2011

CARPE DIE

El cielo es azul lo mires o no. Contempla esta puesta de sol y hazte consciente de que seguirán muchas como ella después de que ni tú ni yo existamos.




Y ya dará igual.



Alberto Cancio García

martes, 15 de marzo de 2011

Luz

Pensé que si cerraba los ojos podría ver todo aquello que con los ojos abiertos (o entreabiertos) no podía ver, simplemente porque no había sucedido. Fue fácil imaginar mis manos en sus caderas, pequeñas y huesudas. Fue fácil imaginar mis dedos peinando su pelo, contando sus lunares. Ya me lo dijo ella misma, lo que no puedas tener en la realidad lo tendrás mientras sueñes despierta. Era inquietante sentir su piel sin rozarla realmente. Ella solía decir, entre risa y risa, que un día me besaría, para ver que sentía. ¿La beso?, esa idea rondaba mi mente cada vez que oía eso de su propia boca, pero nunca la besé. Siempre hacía preguntas interesantes, me hacía pensar, por eso me gustaba tanto estar con ella, pero ella no sabía apreciar la magnitud de lo decía, no veía, como sí veía yo, cuantos kilómetros alcanzaba la onda expansiva de su curiosidad. Cuando las palabras salen volando ¿qué queda Luz? ¿El silencio?, No. Queda la desolación, ¿el silencio nunca desaparece Luz? Y entonces yo me callé porque no sabía que responder. Me encantaba que me llamase Luz, era la única que lo hacía, y yo me sentía infinita cuando esas tres letras salían de su boca. Luz tengo una cosa que decirte, dime, me encanta tu sonrisa. Sabía conquistar a cualquiera, sin darse cuenta, sin quererlo, era auténtica. Una vez estuvo en el hospital, y allí estuve yo día y noche con ella, cuando se despertaba me decía, Luz vete a dormir. Pero ¿acaso no sabes que desde el día en que te conocí no duermo? Ella sonreía e intentaba seguir descansando. El día que llego a mi casa, empapada, sentí verdadera lástima por ella. Estaba calada hasta los huesos, pero sonreía. ¿Te importa que me quede hoy aquí a dormir Luz? No respondí y ella entendió que podía pasar. Le preparé una bañera caliente, la seque, la vestí, y ella solo sabía sonreír. No hablamos en toda la noche. Y ya nunca más hizo falta que hablásemos de algo que no queríamos, nos entendíamos con la mirada. Luz, dime, abrí los ojos y desapareció. Fue fácil imaginarla.

Eva Te


lunes, 14 de marzo de 2011

Un río, un amor

¡Qué fresco es el sonido de las horas!
Es como si el suelo entonara
una balada triste de riachuelo
con música licuada
que suena a trompetista melancólico.
Percusión desafinada:
suela de zapatos contra el fango
en medio de un romance verde y plata.

Yo aquí desafinando ante este río
y tú, ¡ay!, tan lejana.
Tú tan al otro extremo de mi almohada…


Jorge Andreu
Mesenia, 10 de marzo de 2011.

domingo, 13 de marzo de 2011

Y tras días dubitativos
y salidas en sequía
agradezco seguir vivo
y sólo espero ese día...

martes, 1 de marzo de 2011

Juegos de la Edad Temprana

Las tardes del recién estrenado invierno son más frías que las tempestades navideñas. Irrumpen sobre las aceras aun calientes por el Sol, bañando de hielo las oquedades de la tierra y los brazos desnudos. El mundo cambia de pronto. Llueve y crepitan los vientos por todas partes. Un puñado de pájaros remueve incómodo sus alas y busca su árbol para guarecerse.

Nosotros también lo hacíamos entonces. Éramos jóvenes, y no teníamos miedo de que el mundo reventara de tormentas. Aquella ventana, en la guarida de mi habitación, tenía el aspecto de una pequeña pantalla de cine donde proyectaran la película más catastrófica de la temporada. Una nube, otra, la negrura y el rayo, la tragedia, nuestras risas.

Jugábamos. Jugábamos a obviarlo y quererlo todo. A soñar. A inventar futuros paradójicos que nos atemorizaban y hacían reír al mismo tiempo. Las sábanas estaban calientes y decíamos muchas cosas, siempre tan importantes, impregnados de esa hosca trascendencia del amor. No podíamos dejar de inventar. Por eso a veces, sobre la cama, cortábamos la bajara, leíamos el futuro en los reveses de las cartas sin nombre, y acto seguido escribíamos nuestra historia. Siempre al azar. Temblando. Una mano insegura, un diccionario, seis tiradas, seis palabras. Y sólo entonces, un relato:

Palabras origen:

Clave Inalcanzable Óbice Carricero Rosca Normalidad

Y dicen de Eternidad y Amor un enlace inalcanzable

Hallemos puente o ingenio hacia el triunfo contra todo óbice, estorbo, caja vacía de tropiezo…

Impedir que la normalidad se cuele una mañana por nuestra ventana, como quien no quiere la cosa, y sin pedir permiso se apegue a nosotros… Ignorar a la rutina que suele acompañarla, pues pretende encontrar su lugar entre los enamorados. Hogar en que respirar frescura mientras el calor es perenne y la luz envuelve.

Una humilde morada enmarcada por enredaderas que no enreden, pero sí nos mezclen. Un refugio donde alberga la intimidad; chimenea sabía para quemar vacilaciones y convertirlas en cenizas que al aire cabalguen formando escirros, lunares celestes de esos que cubren pero no tapan, adornan nuestra historia. Obligan a alzar la vista a lo encumbrado, y no por oposición a lo bajo, esencialmente por el desajuste con lo pasado, con el atrás.

Y durante la escena un canto. Rítmico, repetido y apuntado en melodía. Delator del carricero que cada día abandona la espesura y humedad de su escondite para dejarse ver. Un motivo avivador del entusiasmo.

Graves y agudos, izquierda y derecha, Fa y Sol en lucha por el poder: ser clave del engranaje. Lejos de cualquier sistema estricto y hacedero de rosca, serpenteamos atemporalizados culpando a Amor, a la complejidad espontánea de su mecánica. Vestido de humildad, pasea evitando los caminos de lo incierto, insulso e insensible. Se ata a lo inimaginable e intangible en un primer encuentro, a lo inmediato conjugado con el infinito, a lo indecible con los ojos abiertos, incluso a veces a la incorrección. Mas siempre acunado por lo imperecedero, unido a la Eternidad.

Emma Núñez Guerrero


Tú quisiste inmortalizar aquellos juegos para siempre. Los rezaste a solas, en la violácea penumbra de tu habitación, cuidadosa y subrepticia; raspaste las palabras con mesura de escultor, durante la noche -porque siempre hacíamos esas cosas de noche, por algo ahora somos artistas-, una nube de ensueño se batía sobre ti, que me pensabas, y yo a ti, claro, haciendo otras cosas, y el sueño llegaba a destiempo, tarde como siempre, por un trabajo, un vídeo interesante, un mensaje, seis palabras.

Llegado el momento me entregaste el manuscrito, todo él envuelto en colores fríos y muy rojo su interior, al modo de nuestros contrastes de siempre, y yo supe que los inviernos despabilan el alma y que aquello que dijimos tenía sentido aun dicho entre risas. Lloré. Sí. Supe de la vida, como un sabio, y estiré mis dedos para acariciar el papel como si fueras tú. El relato viajaría, para siempre, conmigo. La onda expansiva de nuestro amor no se borraría en muchas generaciones, y aquellas seis palabras, azarosas, taimadas y escurridizas, me fiaron su secreto: Me amarás. Te amaré. El siguiente renglón está, sencillamente, vacío.


Emma Núñez Guerrero y Alberto Cancio García

miércoles, 23 de febrero de 2011

VIAJES E IMPRESIONES. CAPÍTULO QUINTO

Se alza al alba el polvo del camino
por que vamos, mientras rizan silbidos
los pedruscos que salpican el aire
a nuestro paso y se ciñen las sendas
cuando avanzamos, sobre cordilleras,
bosques densos y vértebras de olivo
que abates, y que son color de rueda
bajo el súbito rolar del vehículo.

Me lleva él sobre el limo glutinoso
de aceituna, cuando el Sol, sobre troncos
de árboles desnudos y vestidos,
se despunta, a sí mismo, descargando
vetustas bienvenidas a los altos
primero, las pendientes, poco a poco…,
y luego, nuestra senda, el valle ancho,
prende el cristal de roca en los recodos.

Serpenteamos laderas, se escarpan,
suena un río de ecos: ruge y brama
allá abajo, entre los verdes y airosos
tules del abismo, y, de repente,
de hito en hito brota, por el oeste,
el declive de su vasta cascada
desde el lago añil oscuro, y al frente,
alza el mundo una cresta escalonada:

A altura de buitre, en fiera pendiente
resbala, nívea y rocosa, Zahara.






Alberto Cancio García

martes, 22 de febrero de 2011

C'est la vie

La vida es un negocio que no cubre los gastos
además de una enfermedad de transmisión sexual.
También es un cuento narrado por un idiota
o una granada de mano que nunca llega a explotar.

Vivir es un deporte ideal para torpes
y difícil para sabios que no encuentran su norte.
Angustia moderada en pequeñas dosis,
perro fiero y ladrador que a veces parece dócil.

miércoles, 16 de febrero de 2011

VIAJES E IMPRESIONES. CAPÍTULO CUARTO

Hablábamos de delegar. Son las 10:30 y el autobús ha hecho una parada más larga de lo normal, por lo que he podido mear tranquilo y estirar las piernas dulcemente.

Solía fumar durante estos descansos; hoy me he limitado a dar vueltas por aquí y por allá, curioso, como uno de esos viejos encorvados que parecen indagar las calidades del terreno, cabeza gacha, manos entrelazadas en la espalda, mirada cálida y sabia conjetura: Esta región de Cádiz, muchacho, es bastante mediocre.

Reincido una y mil veces en la inherente devoción que profesa el ser humano por estropearlo todo, aun cuando se hace difícil lograrlo. Ya en otros cientos de viajes me ha sorprendido no hallar un sólo centímetro de tierra libre de las chapuzas de nuestra especie, pero he de reconocer que la zona de Cuatro Caminos es un ejemplo aterrador de a lo que puede llegar el bípedo estúpido. No es cuestión de caprichoso ecologismo –adecuar el medio a la rentabilidad económica en perjuicio del paisaje es práctica tan común que ya ni acongoja –, yo hablo de absoluta e indómita fealdad. De espectacular asimetría en la disposición de las estructuras, de desaliño, torpeza, desidia. Crudísima devastación. El pueblo y sus alrededores semejan un tipo de dolencia infecciosa, que hubiera ido ennegreciendo el terreno progresivamente para contaminarlo luego de hormigones mal dispuestos. Desproporción premeditada. Edificaciones que crecen como la mala hierba aquí y allá, donde uno menos lo espera. Tierra sucia, plantaciones negligentes. Ni un sólo árbol que las cerque… Un paseo por las calles más céntricas de París podría perturbar la serenidad de cualquiera que se haya planteado lo nocivo de las grandes aglomeraciones, pero el aspecto de este maltratado rincón, por vacío y silencioso que se muestre, ralla en lo obsceno.

¿Es posible obviar la sensibilidad estética de una forma tan burda? Quien me conoce sabe que no simpatizo con las ciudades, que me crié en las lindes de un bosque y frente a una playa salvaje, y que, en efecto, sustituir árboles por carteles publicitarios me provoca poco menos que diarrea. Todo cierto, no lo niego, pero después de diez años de errar por la capital gaditana sigo dispuesto a amarla por una única y sencilla razón: Es bonita. Aunque ruja de motores y miseria, aunque a veces soliviante con sus vientos y su risa compelida, Cádiz es una maravilla estética. Sin dudarlo. Asimismo París, Londres, Granada, Sevilla, tienden a espantar de frivolidad, pero rezuman encanto si se las contempla sereno. Aguijonean la sensibilidad, la admiración, quizá la nostalgia,… la cosa, en definitiva, que permite a uno hallar la paz sobre la barbarie en un momento no concreto. Pero nada es abstracto aquí, Madre de Dios, nada en absoluto. Hace cinco minutos que he subido al autobús, cansado de indagar suelos, paredes y colores demasiado precisos, y ahora, mientras el conductor pone en marcha este bicho maloliente, llego a la conclusión de que alejarse de los grandes núcleos urbanos exige rechazar de una vez las realidades indeterminadas, la teoría, la vaguedad. Aquí, todo lo que es, es, notoriamente, y las inexactitudes, para los edificios.

Supongo que en ello transmutará la realidad conforme vayamos ascendiendo la ladera en pos de las ceñidísimas aldeas de la Sierra de Grazalema. A partir de ahora, sólo los pueblos con habitantes satisfechos serán hermosos: Localidades tangibles, rudas, desaliñadas en sus gentes y sus cuestas, y con la virtud de haberse despojado, hemos dicho, de cualquier necesidad de idealización. Zahara, blanca y lejana, bien podría ser la más visceral de todas ellas, pero dedúzcase que en absoluto temo hallar en su entorno lo que aquí.

Sea cual sea la actitud de los zahareños, antes de llegar a Algodonales ya me habré inserto entre edificios demasiado bien ornamentados para permitir la monstruosidad que han hecho en Cuatro Caminos: las montañas. Las duras, precisas y concretas montañas, capitales subrepticias de dioses contundentes, y sobre las que ha trabajado desde siempre, no el pequeño humano con su triste afán de maniobrero, sino la cruel, altiva y muy excesivamente concreta naturaleza.


Dormiré un rato. Tengo ganas de llegar.




Alberto Cancio García

martes, 15 de febrero de 2011

Preguntas (II)

¿Un lienzo tatuado de palabras,
la música del llanto,
el pobre tintineo de unas gafas
al ritmo de un examen,
el ruido en los pasillos, las miradas,
la terca soledad
en un cuaderno escaso de sonrisas?
Acaso su figura sea ingrata,
yo de eso no sé nada:

tus piernas, simplemente, son poesía.


Jorge Andreu
Cádiz, cafetería de la facultad de Filosofía y Letras
15 de febrero de 2011

sábado, 12 de febrero de 2011

VIAJES E IMPRESIONES. CAPÍTULO TERCERO

Viajar solo había dejado de agradarme. Un autobús con el mismo recorrido de ida y vuelta semana tras semana hastía a cualquiera que tarde en conciliar el sueño, y por entonces yo buscaba algo nuevo, extraño, distinto, en realidad, a lo que ya conocía –el hastío – presa de esa estúpida impresión de madurez que endereza la espalda del estudiante preuniversitario. El cristal de la ventanilla te enseña demasiado a menudo quién eres. Paisajes nuevos, carreteras desconocidas, ciudades inéditas… pierden la singularidad de la aventura cuando sobre ellas se irradia el oscilante retrato del referente común: Las mismas ojeras. Una mueca frecuente. La expresión constreñida por aguas menores no desterradas a tiempo. Ese eres tú. No cabe duda. El mismo a quien llama papá para cerciorarse de que todo va bien. El mismo que lo llamará si hallara cualquier eventualidad significativa. La necesidad de sentirte alguien te mortifica, y al finalizar aquel año abominaba los autobuses.

Desde entonces, y si las circunstancias exigían viajar solo, he hecho malabares con billetes de tren, avión, coche, e incluso pierna, a fin de evitar toparme con el más maloliente de los vehículos. No ya por miedo a admitir que sigo siendo el mismo ignorante de siempre –algo que todos asumiremos tarde o temprano – sino por soslayar tercamente las reminiscencias de una época improductiva y ponzoñosa.

No hay trenes a la lejana Zahara de la Sierra. De hecho, ni siquiera hay autobús. Éste me dejará en Algodonales, y allí ya buscaré las formas. Miro de reojo mi reflejo. Y sonrío: Esta vez decidí no molestar a nadie, pero es genial saber que volveré a hacerlo en cualquier momento, aun con ocho carreras a la espalda y el título de matrona.

Todos los pasajeros aquí presentes contemplan su reflejo. Y casi todos, estoy convencido, saben quienes son.




Alberto Cancio García

Fotografía: Google