martes, 7 de febrero de 2012

He aquí una serie de poemas de Roberto Ferrer Hernández, un gran amigo amparado por las viejas circenses y los caballos postizos. Esta es una pequeña selección de su poemario "Grima y escombros". Para más información, llámenlo a su casa o visiten en enlace que aparece al final de esta entrada. Gracias.


Alberto Cancio García




UN AMIGO DE LA GENERACIÓN DEL OCHO




Lobo

He olvidado tu olor
y ya no aúllo por las noches.

La luna llena, el hombre vacío.




Boomerang


Recuerda:
en la mano con la que señalas al culpable
hay un dedo que le apunta a él

y tres a ti.



Pasó que

Un día probé a relacionarme con ellos,
a hacer el amor con ellas.

A compartir lo que llevaba dentro del bolsillo,
a destapar alegrías y bajezas
-las perlas de mi ostra-
para que rozáramos con ternura el dorso de la vida
y despuntáramos las horas con intensidad.

Pasó que ellos estaban jugando.

Pasó que yo iba en serio.


Roberto Ferrer Hernández



más en:



http://grimayescombros.blogspot.com/

miércoles, 1 de febrero de 2012

LA BELLEZA INÚTIL

En cierta manera nunca comprendí que Laura -amara mis labios-. No porque yo los desestimara, ni mucho menos, sino porque ella nunca los besó. Yo, más allá de embriagarme con la belleza estética que supone la carne fina y esponjosa de unos labios, las formas recortadas, los pliegues, las estrías, nunca pude amar ningunos sin querer, de algún modo, besarlos. Por eso no entendí que Laura pudiera alabarlos sin más, sin ninguna intención subsecuente, sin la chispa de un deseo, aunque fuera momentaneo, de morderlos de repente, tan cerca de ellos como estaba cuando hablábamos de noche.    










Alberto Cancio García

martes, 24 de enero de 2012

Fue una noche grandiosa.
Había salido al pasillo
en mi última ronda del día.
Recuerdo que había cenado
y llevaba los restos hacia la cocina.
Pensaba fregar, o no sé qué leches,
y en tanto me vi en el reflejo azulado
de una puerta acristalada -la luz amarilla,
silencio que había, de blanco vestido 
en pijama ajustado- llegó a encandilarme 
mi cuerpo de pronto, me vi y me gusté,
y reí, como un tonto.

Yo que en mis ratos de ocio
rezaba a la virgen de la pesadumbre
por no ser capaz de moverme con gracia,
estaba intentando sencillas bachatas
al son de la lumbre que encubre callada.

Y no es presunción,
yo lo juro,
pero a mí me gustaba.


Alberto Cancio García
  
  
Hoy me he pensado sin ti,
y sin ti, y sin ti, y sin ti también.
Hoy me he pensado yo sólo,
sin lengua, sin ojos, sin manos,
sin sábanas negras ni ruidos de noche,
sin sol, sin guitarra, novela o piano,
hoy he explorado por fin las entrañas
del alma que soy sin el resto,
y nunca he mojado con tanta dulzura
                                                                mi lecho.



Alberto Cancio García

domingo, 22 de enero de 2012

El pecho henchido, la tersura en los labios,
la luz de los ojos, el aliento infinito, la aguda barbilla
que se alza y recorta de sombras el cuello desnudo.
Una brizna de hierba, un bosque por rala melena,
el halo de sobria confianza irreverente, casi egoísta,
que barre violento la tierra y el polvo de la maldad.

Dejad que las brujas se acerquen a mí.
Hay tras mis párpados negros un horno
que funde, derrite, destruye, moldea y compone

tu nueva verdad.



Alberto Cancio García 
Vivir a las afueras es habitar tierra de paso.
Permanecer sobre el camino.
Parar donde otros siguen.
Viajar de un lado a otro,
del vacío a la plenitud,
de la nada al todo,
de la ciudad a lo sólo azul.

Vivir a las afueras
es sentarse a admirar el instante subrepticio
entre mi cruda vigilia y tu sueño remoto.



Alberto Cancio García
No ve la...
razón, es,
para desnudar la...
vida, vida mía.


Alberto Cancio García

viernes, 20 de enero de 2012

Hallamos sobre la piedra
dura de roer
la evidencia catastrófica
que, dura, roe la piedra:

Amamos.



Alberto Cancio García

miércoles, 11 de enero de 2012

       A duras penas asentías,

a duras penas,

       resbalando en tu gemido

la luz malva

       de los techos invisibles.

Temblabas, pequeñita,

       pedías en silencio,

como un ruego involuntario

       que tu boca no exhalara.



Alberto Cancio García
No nos engañamos.

Nadie puede ser poeta

si no ha visto, o deseado,

cuánto menos, una teta.


Alberto Cancio García
Qué sencillo es escribir cuatro polladas

y que aquellos que te quieren las elogien.

Qué complejo es demostrarles

que esto sólo es el principio.

O el final,

                 de un precipicio.


Alberto Cancio García

AL RÍO

Fue un romance hermoso.


Empezó como un relámpago.


De pronto, se gustaron.


Y bailaron.


La Luna se caía de pasión,
curiosidad, por esta vida.


Se fueron conociendo.


A él no le costó ser vanidoso,
ya lo era, y a ella la embriagó
tanta demencia.


Vestida de ceñidas avenencias
se exhibió, y de flores la contempla
en su terreno, pobre mema,
toca fondo en su atracción
y la embelesa,


poco a poco y que no note
la estrategia,


porque llega el sólo turno de echar suerte,
a ver si se la tira
                                    y a otra nueva.




Alberto Cancio García
Son distintas.

No hay en su mirada su mirada.
Ni sus labios en sus labios.
Ni hay patrón capaz de aparejar
dos pieles tan opuestas.

Ni el tacto de las uñas se parece.
Ni hablar de la palabra, de la gente.

Sólo hay, por una cosa,
homología entre sus dientes:

Dos miradas, cuatro labios, veinte uñas,
me desean.
          Me desean igualmente.


Alberto Cancio García
Es una cortina que descorro
sólo a medias;
en el suelo hay una línea imaginaria
que no puedo atravesar.

Desde allí, como un castigo,
la contemplo.

No me duele que prefiera
ese extremo de la calle.

Lo que punza mis entrañas
es el viento que embarulla
la cortina y que me enreda
a sus repliegues.

Más allá, al otro extremo,
ya lo sé, no puedo estar.

Sonreiré, de todas formas,
cuando llegue.



Alberto Cancio García
Pensaba que del Arte del Amor
no había nada que decir
a estas alturas.

Hoy he descubierto
lo impensable.

Hay cien mil novelas
que cavilan sobre Él,
tres mil poemas que he leído
en las últimas semanas,
mil ensayos, marejadas de relatos
indagando en su materia,
y ninguno ha conseguido
describir con grato acierto
ese nudo de mi labio
cuando le han negado un beso.


Hay, por cada hombre,
una obra literaria
titulada Desafecto.

Alberto Cancio García

martes, 10 de enero de 2012

Es muy triste imaginar la embelesada Luna
más allá de aquellas mesas,
la ventana condenada al negro frío
de un Enero: este bar,
sus fogones, su tenaz perfume a leño,
ausente el soplo de mis textos de otro tiempo
en el pardo abarrotado de fetiches: las paredes,
y poblado de esos otros personajes
que el hastío deposita por las barras macilentas...

Es muy triste comprobar tanta rareza,
llena no -dice la Luna-, he menguado día a día 
desde aquello; y aun refleja platas,
churretosas de evidencia, y mi bar
aun se asemeja a lo que era...

Tan triste imaginar la Luna fuera:
nunca estuvo, en realidad (no es un consuelo);
por entonces ni siquiera vino a dar
con estos textos de mi mesa.
Era un vaso, solamente, para ella,
ya de noche, un intento de indagar
lo consabido, sin saberlo.

Ahora ya no sé, tras la ventana,
lo que sabe, lo que no, la imaginada,
llena Luna, que no entraba:
cuando aun no había menguado
no cabía en este bar de maderones;
no es el mismo (como nada),
pero como Luna, ahí fuera,
al menos la certeza de tenerlo
me aplacaba.


Alberto Cancio García
Imprudente nostalgia
que invita a evocar
los jarabes ya ajenos...

como buenos.


Alberto Cancio García
He medido el múltiple destino
en aras de lo mágico.

No importa que me ocupen
los designios ralos.

Yo sé por qué me amo,
por qué el camino está arrugado.

Hay en él cuatro jirafas
sorteando los repliegues
entre saltos
                      y más saltos,

nunca bajan,
en el límpido relieve,
se dibuja el cielo a cuadros.

Hay doncellas a los lados
de follaje, de papel,
y un ciempiés dando la teta
                     a sus hijastros
sobre él...

¿preguntas que por qué?

Yo he medido mi contorno
y es de duende, y a saber,
cuando el duende llora, ríe,
de sí mismo,
                     y de su envés.




Alberto Cancio García
     

lunes, 9 de enero de 2012

En él la tesitura
compacta de un bastión,
que ve desde la altura
si vengo a ella o no.

En ella la amargura
de hacer, de uno, dos
y ver que a su cintura
apenas llego yo.

Y yo, so la espesura,
cual burdo salteador,
contemplo la ternura
que habita el torreón.


Alberto Cancio García

domingo, 8 de enero de 2012

Abre tus ojos verdes, Marta, que quiero oír el mar.


José Hierro
-No me amarías
si hubieras nacido en un sitio distinto del mundo-
decía muy seria, y no era consciente,
del mundo distinto que yo estaba viendo...
mientras la miraba, escuchaba y olía.




Alberto Cancio García
Atados van mis miembros
a una cruz de San Andrés.
San Andrés es un gigante
que me obliga a amar sin ver.


Alberto Cancio García

miércoles, 4 de enero de 2012

El discurso del valiente:

Sé valiente.

Carajo, ¿el valiente no eres tú?

Sé valiente.

¡Sálvame!

martes, 3 de enero de 2012

Canto al olvido
que olvidas tu canto
cuando ella, roncando,
no sueña contigo.


Alberto Cancio García

lunes, 2 de enero de 2012

Estar enamorado es una constante natural.
No precisa de pastillas por la noche.


Alberto Cancio García

domingo, 1 de enero de 2012

El Sol, el relente, la brisa, el recuerdo... 
agitan la nuca lo mismo que un beso.


Alberto Cancio García
Mi cuerpo es una lista
de caricias
de mujeres que legaron
su ternura
en distintas proporciones.


Alberto Cancio García
Al fondo,
más allá de la cortina
de mi dulce boca ardiente,
donde lengua y paladar casi se unen
en un páramo suave y cavernoso,
está mi corazón, latiendo fuerte,
rogando el crepitar de una caricia
que le hable de fulgor indisoluble
y amoroso.


Alberto Cancio García
Usaban mi corazón como zapato
y andaban.


Alberto Cancio García

sábado, 31 de diciembre de 2011

DUERMES

Las noches en vela,
la música parda al teclado,
bajita, que a nadie despierte,
acordes en una guitarra
sencilla, manida
por noches de Luna
y salitre, la vida
despierta tras estos ojillos
verdosos que ansían mirar... ¿te?
...más allá de los matices
que despliega el horizonte,
mis deseos, un suspiro, o diez
poemas, escritos en cinco minutos,
que son para ti, también para otras,
las novias ocultas de mi habitación,
que bajan y suben renglón a renglón
y no saben que existen si yo no lo digo.

Un cielo, una noche, una puesta de Sol,
los días de hablarle a la Luna dormida,
los ratos mirando al vacío y tramando quién sabe
qué historias. La nuestra quizá; mientras duermes,
te miro, otras veces, y siento que ya no sé nada,
que algo ha debido escaparse a mi alma
y profiere ronquidos delante de mí.

Viajé, recorrí, lo indagué, este mundo,
viví comprendiendo que nada es sencillo,
que hay muchas cosas prohibidas y raras,
no allá sino aquí, en mi cama, aun el sudor
recorriendo mi espalda, y tú, tan desnuda,
ya duermes, tranquila, tranquila y amada.

Hice lo mío, por siempre, en una maraña
de años. He escrito, estudiado, movido
las manos al son de cualquier instrumento,
y no triunfo, de acuerdo, no soy un experto
de nada, me falta aspereza, arrebato,
la entrega del buen pretencioso,
pero sé de la vida, conozco el amor,
mi mente es tan ancha como un escenario,
y en él tú bailaste de noche y de día,
despierta, dormida, y yo me subí sin saber
y aprendí que en el arte no todo es mentira.



Alberto Cancio García




Buscar la sonrisa ajena
sin pretensión de regocijo propio
es proyectar la sonrisa propia
sin pretensión del regocijo ajeno.



Alberto Cancio García

viernes, 30 de diciembre de 2011

¿En qué momento de la Historia
permitimos que este Blog,
a sabiendas de la gloria,
de repente hiciera "Plog"?


Alberto Cancio García

¿En qué tienda
venden
el rotulador
que pintó el cielo?


Alberto Cancio García

miércoles, 28 de diciembre de 2011

La traición
es el aire caliente
que expide la boca de otro
que no te conoce.
Que no la conoce.

Hierve la lengua
y la sangre en tu alma
se vuelve ceniza desecha.

Él corre a besarla
sin miedos,
y entonces respira tranquila
en su abrazo ferviente.

Y en ti la abrasada sonrisa
no es sino el vago recuerdo
de un tiempo en que sí la besaste.


Alberto Cancio García

martes, 27 de diciembre de 2011

Cedes al que pide
lo que pide: 

.

Tú en silencio pides
que lo pida: 

.


Alberto Cancio García

domingo, 25 de diciembre de 2011

ACRÓSTICAS Y NÓMADAS BULAS

Tierna maleza de la pulcritud
-única baza a jugar-,

cansadas y férreas migajas,
eclécticos surcos,
ramillos de flores dormidas:
De dónde tomasteis palabras osadas,
o en qué coalición desvariasteis.

¿De veras un canto al olvido...
embebe con saña...
jocosa... 
a aquel olvidado?

De todas las vidas humanas
en tanto que admiro la Luna

lo sé, yo sé que hay alguna...
incauta, que quiere robarme:
Airosas respuestas,
rotundas palabras,
lucernas de fuego,
ensayada sonrisa...

El tímpano irradia
locuras fugaces.

Cielos pensados,
otoños magníficos,
ñoñas escenas
o dulces almuerzos:

Amaos, y no queda otra.

Morid en la vasta mentira
inexacta de vuestra locura.

Nevad sobre campos de lodo,
obviad el invierno, el jazmín,
volved, revolved el camastro,
izad la bandera de modo que fluya
a mucha distancia de mí.



Alberto Cancio García

martes, 20 de diciembre de 2011

Porque la atmósfera es turbia
y expande sus brazos de frío
en aristas enormes.

Porque la bóveda es negra
y alcanza la vista a tan solo
una capa de noche.

Porque la hiel es amarga
y extrema la duda de lodo
que apena a los hombres.

Por eso preexiste el poema.
Por eso yo bailo y yo vivo
y yo amo tan solo en su orbe.


Alberto Cancio García

domingo, 18 de diciembre de 2011

Había tantos ojos en el mundo...
tantos ojos de matiz maravilloso,
tanto brillo ahí en sus pozos,
tantos iris, ¡tan preciosos!,
que perdí la compostura,
temeroso,
y caí sin pretenderlo...
en los más hermosos.


Alberto Cancio García
Abre los ojos, amanece a mi mundo,
y dime, qué tipo de amor cenamos hoy.


Alberto Cancio García
Sólo tú sabes qué sientes al mirarme.
Sólo yo sé lo que sientes al mirarme.
Sólo, sólo nosotros.

Alberto Cancio García
Era tan sencillo amar en vela,
tan genial y tan distinto aquello era,
que perdí la concordancia de las horas
y te amé en la noche eterna.


Alberto Cancio García
El eructo tapó al pedo.
Pero el pedo olía más.



Alberto Cancio García
Un palo de madera, que no rueda,
que no bulle, que contempla
las cenizas de lo que antes fue 
su casa,

se pregunta:
¿Por qué yo no sucumbí?
¿Por qué ahora no soy brasa?
Maderones poderosos
que prendisteis ante mí,
si yo lo resistí, a vosotros...
¿qué os pasa?
 


Alberto Cancio García
Sigue caminando.

Sí. Es una puñalada.

Otra, sí.

Duele, lo sé.

Pero no.

No.

Sigue caminando.

Nadie se merece

que te vuelvas.



Alberto Cancio García.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Paseamos por el mundo
y sólo vemos la perfecta
sincronía del espacio.

Todo bien montado.
Un Mecano.
Diez tornillos.

No se quiebra el cuerpo
dulce, cuando entran
las espadas en la caja.

No despide la montaña
a quien la monta,
y grita y grita

como un niño, que de niño
ya aprendió lo que No pasa.

(Qué no pasa...)

Nada es grave si es humano,
aunque exceda lo probable,
porque es lógico,
legible en sus subtítulos,
razón profesional.

Levantan los aviones
sus hocicos sobre el mundo
y no es osado.

Monturas eficaces,
palancas de repuesto,
botones insondables,
medidas y prospectos;
garantías, protocolos,
un seguro de por vida,
duermevela porque vela,
al fin y al cabo,
un experto nuestro sueño
de marmota.

Y es seguro y todo está
bajo (la torre de) control.

Una a una por el orbe se reparten
la tarea de cuidar el sueño quieto.
Un millón de esas torretas afanadas
en dictar lo que se puede
y lo que no, por estos cielos.

Y nosotros,

paseamos por su mundo
y sólo vemos la perfecta
sincronía de su espacio.

Nos dormimos.

Y en el sueño:
No quebrante usted esta norma.
Ni imagine que la puerta
puede abrirse... sin palanca.
Ni se arroje hacia el abismo
confiando en que un dragón
de la fortuna… rasgue el cielo
y se le lleve, más allá de estos tornillos.

Porque amigo, si le faltan…
si le faltan las palancas,
los tornillos, y el mecano
de la vida se descuida
entre sus sueños,
y se quiebran los botones,
o se clavan las espadas en la carne,
se derrumba la montaña,
o abre usted la portezuela equivocada,

entonces la humedad empañará
los mil millones de cristales de montura
de los ciento y un expertos del millón
de esas torretas ya inservibles,

pasará lo que No pasa,
y en su mal precipitarse contra el mundo
no podremos ofrecerle una respuesta
bien montada.
Sin tornillos, sin palanca,
ya no habrá seguro alguno
que lo ampare en su carrera.
Y habrá usted de deambular

hacia otros rumbos,
tan ajenos, a esta, nuestra,
nuestra, nuestra, nuestra...
NADA.







Alberto Cancio García,
en Polonia

sábado, 22 de octubre de 2011

Pinitos con la guitarra (I)






Alberto Cancio García
Música: Europe

jueves, 20 de octubre de 2011

Entrevista ar Cabesa





Alberto Cancio García

Música: Camarón de la Isla
Entrevistador: Kike Fariñas Campos
Entrevistado: Alberto Cancio García
Extra: Emma Núñez Guerrero

jueves, 6 de octubre de 2011

THIS IS POLAND

Queridos todos:

Queda oficialmente inaugurado el blog ´THIS IS POLAND: Everything is possible´, en el que iré refiriendo las anécdotas o reflexiones más interesantes durante mi año de estancia en Polonia.

Aquí os dejo el enlace en cuestión:



 Espero que lo disfrutéis.



Alberto Cancio García 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Qué cosa...

Quejábase, urbanita hasta las trancas,
del campo y de sus múltiples mosquitos,
y hablábalo sin voz, pegando gritos
de mosca con motor en la garganta.


Alberto Cancio García 

martes, 20 de septiembre de 2011

Por el amor de dios

Era una chispa distinta
la de entonces: daba risa, 
y yo ya no sé si te acuerdas.
Se hablaban las cosas
sin miedo, despacio
porque iba despacio la vida
y movía a llenarla de pedos;
sin lúcidos juicios que hirieran
la base de amarnos recíprocamente,
con cada palabra, en un sincretismo
sediento de a cuál más brutal Tontería...
¿recuerdas, mi viejo, cuando era  nuestro mundo
por sí solo maravilla,
y no precisabas urdir otros nuevos?



Alberto Cancio García

jueves, 15 de septiembre de 2011

ESTRECHECES 1

La pared, el callejón, la rozadura:
también cernió la muerte sobre mí 
sus angosturas.



Alberto Cancio García

viernes, 9 de septiembre de 2011

SÁLVESE QUIEN PUEDA

Era un palo vertical y remachado sobre el suelo,
pero un palo de madera, de madera y no de hierro,
y al ver el mundo entero derrumbarse en derredor 
temía derrumbarse también él bajo el estruendo.
Así que desistió y soltó los clavos de su base,
 rodó sin comprender si era por pasmo, rabia o miedo.

 Alberto Cancio García

lunes, 5 de septiembre de 2011

PLATONIC LOVE

I will die without seeing you.
But we´re thinking the same thing
when you say and I say: Moon.





Alberto Cancio García

miércoles, 31 de agosto de 2011

CRÓNICA DEL DESCONCIERTO 6


Así, pues, contando el tiempo,
la VERDAD de envejecer
llama a la puerta y sólo abrimos
entre viaje y viaje al wáter
y caricias de papel.



Alberto Cancio García

martes, 30 de agosto de 2011

CRÓNICA DEL DESCONCIERTO 5


¡Pero! hay otra VERDAD determinante
y es la sola cualidad del movimiento,
la entera potestad de desplazarnos
por el medio y elegir, a voluntad,
el rincón en que CAGAR. 




Alberto Cancio García



lunes, 29 de agosto de 2011

CRÓNICA DEL DESCONCIERTO 4



Hay una VERDAD MAGNIFICENTE en nuestro cuerpo:


Echa, a todas luces, MIERDA.





Alberto Cancio García

martes, 23 de agosto de 2011

CRÓNICA DEL DESCONCIERTO 3

La usanza llama Miedo al ondular de las cortinas en la noche.
Y yo miro y en sus ondas sólo entiendo la Belleza...
La Paz de cien temores diluidos en Amor perseverante. 





Alberto Cancio García

domingo, 14 de agosto de 2011

CRÓNICA DEL DESCONCIERTO 2


Era una EPIDERMIS cualquiera.








Capaz de estremecerse con una CARICIA corriente.




Alberto Cancio García

LA ESTELA DEL MIRLO

Existe un subrepticio instante nocturno, en torno a las plazas vacías de las ciudades, en que una estela rasga de pronto el morado silencio, y embebe el vacío de espasmos coléricos cual risa de un duende furtivo. Viaja en segundos de arbusto en arbusto, de arrullo en arrullo, batiendo los aires convulsos bajo el ancho jirón de la Luna, y entonces, con él, esboza ésta un atlas de enigmas opacos en el lecho verde del espíritu.







Alberto Cancio García

miércoles, 3 de agosto de 2011

CARENCIAS (I)


El señor don Tablero Cocina
siempre se guardaba todo para sí.

Por eso
salió de viaje en busca del amor
y se enamoró de la maleta.


Alberto Cancio García

miércoles, 27 de julio de 2011

Nueva entrada en La Taberna del Pirata

DEL NASCIMIENTO Y CRIANZA EN CÁDIZ DE MI PRIMO ALBERTO CANCIO, EN CIERNE CAPITÁN DE LOS ESPÁRRAGOS, SU HERMANO BANDOLERO JESÚS Y UN SERVIDOR, Y DE CÓMO SOLVENTAMOS SEPARARNOS 


(da una estocada al título para seguir el enlace)





Los aires jubilosos que habrían ser Cádiz por todos los tiempos remotos –esta ciudad misma, sola, tañida de las coplas de sus gentes lozanas y el trajín de sus carros – vieron nascer, veintiséis años ha, en un día del mes de Octubre de los de calor tardío y marejada fuerte, un mozuelo de cuyas quiebras se harían eco los patronos de la Historia a más reciente...



Alberto Cancio García




domingo, 17 de julio de 2011

CAZAR AL AVE

Antes que del tambor de mis latidos
-serenos de amarte-
broten inquietos redobles, y el aire
en hoz se cierre al violento platillo;

antes que el torbellino
al verte, eleve al viento en un instante
mi apetito, y rice y venza y se lance
a hundir el lecho que ambos construimos;

así como el padre al hijo destierra
por amarlo, y así
como el árbol renuncia a sus flores...

por dar un fruto que dé otras nuevas,
yo habré del mismo modo irme de ti,
dejándote feliz aunque te añore.




Alberto Cancio García

2.Un comienzo de día algo peculiar (maldito perro)


El Masnou no es muy acogedor a las 6 y media de la madrugada, y menos en esta época. El viento azotaba los árboles, parecían incluso silbar, pero a modo de burla, como riéndose de alguien que a esa hora estaba en la calle sacando a un chucho y tirando la basura. Vaya postal la mía. El sol aún quedaba escondido, en cambio la luna seguía en su máximo esplendor, dándole vida a la noche. Algo me decía que ella era la culpable de que este frío congelara incluso el alma, de que tuviera que salir a la calle con dos camisetas, una sudadera, un chaquetón y una bufanda -aunque el pijama jamás hay que olvidarlo-, además de dos pares de calcetines, que si no luego llegaba al trabajo con los pies helados -que más que pies parecían frigopies-.

Total, que estaba haciendo yo mi ronda de todos los días, cuando al ir a tirar la basura, me asustó una figura que estaba al lado del contenedor, parecía un cuerpo. Resultó ser un hombre muy delgado, con el pelo corto, iba vestido con un traje como los de los mafiosos de las películas. Al notar mi presencia, levantó la cabeza y clavó sus ojos en mí. Junto a él había un maletín negro que no sé como, pero de alguna manera, logró captar casi toda mi atención. El extraño levantó los brazos, medio moribundo, y dijo: "Llevate el maletín, que no caiga en malas manos". Cuando hizo un mal gesto con la cara noté que tenía varios tiros dados en el pecho, aquellas fueron sus últimas palabras.

Y allí estaba yo, con un hombre muerto y un maletín que a saber qué contenía. Me deshice por fin de la bolsa de basura y fui a alcanzar la pertenencia de aquel cuerpo ya inerte. Para mi sorpresa, al abrirlo sólo vi billetes de cien y quinientos euros que llenaban el maletín hasta rebosar. "Me ha tocado el premio gordo", fue lo primero que pensé, sin dejar de mirar aquel sueño casi inalcanzable, con los ojos como platos. Luego caí en la cuenta de que tenía a alguien muerto y un dinero que no tenía ni la más remota idea de dónde había salido. No sabía qué hacer y ,para colmo, al chucho no se le ocurre hacer otra cosa que mear encima del difunto. Menudo plan. Noté que allí peligraba, así que lo que hice fue coger el maletín y ,antes de arrepentirme, salí pitando hacia mi casa.

Fotografía: Cubo de basura (de mi Instagram)

viernes, 15 de julio de 2011

1. Empezando las andadas.


Era una sombría mañana de otoño. Me disponía, como a diario, a pasear a la mascota de la familia, un pequeño perrito pequinés llamado Flama -recuerdo cómo mi hijo decía:"que sí papá, que yo lo cuido y lo saco a pasear", y un jamón, ahora tengo que hacerme cargo yo- cuando mi querida esposa hizo que me parara casi al entrar en el ascensor. Venía con dos bolsas. Intenté escabullirme, pero no pude: además de pasear al perro debía tirar la basura. Más tarde pude comprobar que aquello cambiaría mi vida. Y luego dicen que por ayudar en las tareas de casa no ocurre nada malo...

Fotografía: Amanecer en Cádiz (de mi Instagram)

jueves, 14 de julio de 2011

Era un sábado lluvioso...



… Y las enormes gotas golpeaban y volvían a golpear los cristales de Tomás mientras que él miraba por la ventana con la esperanza de ver algún claro en el horizante. Ese día, precisamente ese día, tenía mil cosas que hacer fuera de casa, pero estaba lloviendo. Odiaba la sensación de la lluvia. No le gustaba la idea de ir andando por la calle esquivando charcos para evitar que sus zapatos, sus preciados zapatos, se mojaran y estropearan. Además, la última vez que salió mientras llovía terminó por resbalarse en pleno centro de la ciudad, mojándose hasta los calzoncillos. Desde entonces, decidió que si no era estrictamente necesario salir mientras llovía no lo haría. Miró de nuevo por la ventana y vio que llovía aún con más fuerza, por lo que empezó a pensar qué era exactamente lo que tenía que hacer hoy.

Tenía que ir a la librería del centro para recoger el último encargo y también pasarse por el pequeño centro comercial que había dos calles más allá y hacer la compra de la semana. Al recordar esto se acercó a la cocina a comprobar que tenía víveres necesarios. Comprobó que sin problemas podía aguantar hasta el lunes y salir a hacer la compra, por una vez desde que vivía solo, después de salir del trabajo. Como el encargo de la librería tampoco le corría prisa decidió que, en caso de que no lloviese, también iriá el lunes, antes o después de hacer la compra. Miró en su agenda para ver si tenía algo apuntado para hacer ese día, aunque Tomás siempre terminaba por no apuntar nada en la agenda. Cuando se la compraba nueva apuntaba cada cosa que se le pudiese olvidar. A las dos semanas ya ni se acordaba de que tenía agenda. Como era de esperar, no había nada apuntado en la agenda. Intentó recordar y vislumbró entre los rincones de su memoria alguna tarea pendiente, pero intuyó que era fuera de casa, por lo que desistió al volver a mirar por la ventana y ver que casi no se veía ni la calle debido a la tormenta que hacía.


No quería mojarse. Hoy no quería mojarse. Eran las doce de la mañana y todavía no había comprado el pan, aunque terminó por pensar en que si bajaba a por el pan terminaría mojado por mucho que llevase paraguas, por lo que tampoco tendría pan del día hoy en casa. Al volver a mirar por la ventana notó que la lluvía había cesado un poco pero que persistía. Al ver que la lluvia no dejaría de caer en todo el día decidió que era tontería intentar ir a la librería y al centro comercial o a comprar el pan si por ello iba a pagar el precio de tener que estar todo el camino con los zapatos mojados. A fin de cuentas, tampoco el mundo iba a pararse porque un fin de semana no hiciese la compra o porque no fuese a recoger el paquete a la librería, así que decidió arrebujarse en su manta y sentarse en la cama a leer hasta que el estómago le exigiera alimento o hasta quedarse dormido, lo que pasara primero.


Fotografía: It's raining (de mi Instagram)

domingo, 10 de julio de 2011

PROBEMOS

He leído a Walter Evin,
Sammuel Doms y Martin Cooward,
y aunque acabe de inventarlos,
tú has creído que eran hombres
en el lapso de leerlos.

Créeme. Así es la vida.




Alberto Cancio García

miércoles, 29 de junio de 2011

RAMA

Pensar en decirte lo que pienso,
ahora, lo que quiero y deseo
con fuerza,
y meterme en la cama
sin soltarlo.




Alberto Cancio García 

miércoles, 22 de junio de 2011

POLLA VIEJA

Qué terrible es verlos por las calles,
menudos y feos como roedores,
y advertir, de la grave encorvadura
de su espalda, un poema de brío.

Qué terrible atisbarlos en los bares...
donde ensayan los giros de su nombre
y lo reescriben por si queda alguna
duda de que ellos: firman libros.

Qué execrable ruido ignoto, su canción,
cebada con el fuego de otras vidas
soberanas que nunca emularán.

¿Qué solemne panteísmo les dictó
las reverencias que ejecutan? Si tal
vez fuera de color la vanidad...



Alberto Cancio García

jueves, 16 de junio de 2011

Y al fin, nueva entrada en La Taberna del Pirata




Pliego primero


Tres noches ha que sígole la huella a la razón, mi leedor improbable, por echar de ver qué atajos o licores habrían hilvanar las historias azarosas de mi primo, y que éstas, tan bien descritas de punto y coma, llegaran a vos con la gracia y el donaire tal cual ocurrieron allende los mares. No me hurtaría de sueños la dicha empresa en caso cualquiera y tan de alborada, sino por razón de saberlo dormido ahora en un cuarto de mi hospedería, ¡tan cercano!, en habiendo arribado hoy mesmo a Cádiz tras diez años de cara, carísima ausencia. Primo hermano mío, de los mares y los bosques venturado, el cuál en fortuna apuntaba maneras, y de cuyas todas habría logrado precio a no ser por la insana manía de la Libertad, que si yo mismo anduve tras sus faldas livianas, que es el hecho, no lo fue por siempre y ciego, mas sí prevenido de recelo después. Así vinimos a tirar cada uno por su cuenta siendo mozos, yo casado con la Corte y él amante de la mar, y en sabiendo uno del otro por las bocas del gentío... 



Alberto Cancio García

martes, 14 de junio de 2011

PUERCOS

¿A qué BESTIA inmunda se le ocurre
fechar los exámenes en vísperas del Plenilunio?
¿Qué BICHO cruel y horrendo elabora el calendario
y va tachando, una a una, las noches de Luna Creciente?






Alberto Cancio García
Fotografía: Pustkomic (Modificada)

domingo, 12 de junio de 2011

SAL Y SABIA

A las doce repicaban las campanas, era tarde;
y el revuelo -como un manto de aguas turbias
espantadas del abismo- prodigaba las estampas
de la muerte. ¡La parroquia, a la parroquia!
Condenados a su suerte, se arrojaban a la gloria,
y ondulaban en el aire, como globos pestilentes.



Alberto Cancio García

sábado, 11 de junio de 2011

Excmo. Dios

Ruego me indique si es Ésta la única vida
o habrá algunas otras después.
Me urge saber si podré ahogar sin prisas
la sed de una sÓla mujer.


Alberto Cancio García

viernes, 10 de junio de 2011

A Lorena y Javi

Hay una atmósfera roja
en el lecho del mundo:
rosados estratos que adornan
senderos por que ellos caminan
a prisa, entre sábanas locas
de vida y azul de mañana serena.

Hay un fulgor en la Tierra
trazando ciudades,
arroyos de piel que entretejen
un mapa de besos eternos.

Y ellos lo saben.





Alberto Cancio García

Fotografía: Google

lunes, 6 de junio de 2011

CONFESIONES (I)

Yo, como tú, como nosotros,
también me he preguntado:
por qué -¡por qué demonios!-,
sin que nadie lo haya dicho,
previamente ya sabía
que francesa fue la cuna
de la Lencería.






Alberto Cancio García

viernes, 3 de junio de 2011

Hay algo en ti

Hay algo en ti, en tu nombre,
que inspira, quema y enloquece:
Una fuerza silenciosa,
como de leve riachuelo caudaloso,
un violento magnetismo,
nuevo, salvaje y extraño...
Una dulce melodía de quietud
de clavicordio y de sirena embelesada,
una luz de sencillez
y un corazón estrepitoso al mismo tiempo...

un cri-cri y un palpitar de Noche oscura
de tormenta,
que te liga, de inmediato, con aquello
que tan sólo puede verse
-y tocarse-
en la turbia nebulosa de los sueños improbables.

Ni aun olerte, ni aun mirarte.
Sólo hacer como el que siente,
cuando llueve, suavemente,
que en la piel nívea y caliente
de la nuca descubierta,
suena el eco diminuto de una chispa,
congelada.

Es el gélido aguijón de tu presencia en una gota.
De una ausencia resentida.
De una gota de locura, una gota, gota, fría.





Alberto Cancio García
Fotografía: Google

jueves, 2 de junio de 2011

COPLA DE PIE VENDADO

Cuando miras por encima,
como aquel que me preside,
yo te canto mi coplilla
con salero, palma y chiste:
¡Ay, que tú negarme puedas
no hay ni habrá ningún fulgor,
aunque oculte tu melena
los rayitos de ese Sol.

No eres tú su última sombra.
Que la última soy yo!



Alberto Cancio García

domingo, 29 de mayo de 2011

Delantero Anfiteatro

Mirarte,
sobrio de inmunidad el ojo,
por ser público y no ojo,
y fingir que admira aquello
que se espera que examine,
y examine, y examine sin tapujo
-formas, lineas, movimiento-
porque así tienen las cosas
su sentido metafísico.

A ti, pero no a ti, desde lo oscuro.

Manos, sienes, curva, ombligo,
tierra, velo, idea, signo.
Música.

Pecho agitado y oscilante
que traza las ondas sombrías
del halo imaginario.

Tu cuerpo pero no tu cuerpo,
en virtud de espectador, miro.

Fuego, llanto, sed, quimera,
fuerza, rabia, sinestesia.

Un baile, danza, danza.

La sonrisa del ahora, el beso,
siempre, siempre el beso
y la luz blanca, el ciclorama
que no existe y es el bosque,
es el palacio, es el soporte...
de tu vida. Danza.

Sal, calibra, elonga, vibra:
Sacude el manto inmenso
de tu cuerpo movedizo
en cualquier método,
sistema, singladura,
idiosincrasia.

Sólo, sólo gira.

Delirio de arrebatos y vehemencias,
y entusiasmos.

Es ahora tu momento,
el momento no momento.
Un baile. Tu baile.
Un cuerpo. Tu cuerpo.
El arte. Tu arte.
O tú.




Alberto Cancio García
Fotografía: Google

miércoles, 25 de mayo de 2011

NOCHE (I)

Cigarra: prosigue irradiando.


Tal vez el rasgar de tus patas



entone el perfecto poemario



que no hallo a escribir con palabras.






Alberto Cancio García

Fotografía: Google

martes, 24 de mayo de 2011

Delirios de servilleta (I)

No es oro todo lo que en ti reluce:
también brillan tus ojos,
y valen más que cien lingotes de oro.


Jorge Andreu
24 de mayo de 2011
Cádiz, cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras

sábado, 21 de mayo de 2011

CRÓNICA DEL DESCONCIERTO 1

Siéntelo. Aquí. Allá.
El mundo vibra.
Justo ahora.




Alberto Cancio García

martes, 17 de mayo de 2011

NADA

Escribo un poema que no es nada
sino amarte en silencio y evocarlo,
regocijarme en el hecho en sí mismo
de desearte, confidencialmente,
como un niño, pese a tu ausencia.

Llegado a este punto, consciente, sé:
No serás mía. Nunca Jamás.
El viento obedece tu antojo
-lo llevas tú a él en volandas-
y luego, altiva pantera,
tus sienes descansan si quieren
sobre otras ajenas.

Pero ya me
conoces y no,
no haría yo un Mundo de ello, ¿verdad?
pensarlo tan solo y decir:
¿por qué? Si tú ya eres Uno y te tengo...

¡Vale, no ahí afuera! ¡Los vientos son tuyos
y el Mundo es el Mu
ndo! No estás
en mi calle, en mi Noche, ni juntos
trepamos murallas, ni hallamos
historias en las marejadas,
ni erramos, mojados, en busca de truenos
que hieran los mares oscuros...
Vale. No ahí fuera en el Mundo.

Mas, ¿sabes?, aquí en esta cara de folio,
la hoja, el papel, la cuartilla,
yo te digo y te compongo a sangre fría,
te trazo y le doy forma a tus caderas,
y planto –todo tuyo- este color a tus pupilas,
la textura a tu melena, la raz
ón a tu sonrisa,
plagio a plagio, letra a letra;
y así, bien novelada, tan descrita con certeza,
sobrevuelas mis océanos
 como un canto de sirena.




Alberto Cancio García
Fotografía: Marina

viernes, 13 de mayo de 2011

INFORMACIÓN DE ERRORES

Queridos seguidores:

Quisiera informar de que, debido a las obras de mantenimiento que se están realizando en Blogger, la última entrada - el soneto "Las mujeres a que no aspiramos"- así como los comentarios que figuraban en ella, se han suprimido.

Según los colaboradores de Blogger, será restaurada durante las próximas horas.

Ruego disculpen las molestias.



Un saludo
Alberto Cancio García

miércoles, 11 de mayo de 2011

LAS MUJERES A QUE NO ASPIRAMOS

Son eternas, e instantes subrepticios
a la vez, porque todos conocemos
sus medidas, los olores blasfemos
que visten y el desnudo en sus indicios,

mas, nacientes apenas, los solsticios
de las calles las ocultan. Las vemos:
Pasean, van de compras, y creemos
atisbarlas tras perpetuos edificios.

Bajan de coches y salen perfectas,
radiantes de nuevo, protagonistas,
y el vaho de sus pieles ígneas revuelve

la calle de quiebros. ¡Son insurrectas
manzanas rodantes que, imprevistas,
sacuden el mundo un instante...

...y no vuelven!




Alberto Cancio García
Fotografía: Kevin (Arte Comestible)

martes, 10 de mayo de 2011

CENTÍMETROS DE AIRE

Yo querría ser alto,
como el cielo alto,
los edificios altos,
las farolas, los pájaros,
los semáforos altos,
los aviones, un salto...
Querría ser tan alto
como el eco de un canto,
una voz incesante,
que llegara volando -
cual plástico que el viento
lanzara por lo alto -
para ver desde el aire,
tú siempre bailando,
si cabría ser tu amante
desde tan bajo.



Alberto Cancio García

viernes, 6 de mayo de 2011

EL FIN DEL PRINCIPIO

Noche ha caído, eterna, sobre los roídos muelles de la isla de Nueva Providencia. Una sábana de espesa niebla se apodera de la bahía y amenaza con vaporizar el armazón de los navíos que, fondeados en ella, reposan la quilla tras un día de intrépidas hazañas y excitante navegación. La brisa marítima, caliente, golpea a bocajarro e insistente contra las paredes calcáreas de las casuchas levantadas junto a la playa, y trae consigo el olor a pólvora y sangre que las batallas navales derramaron hoy sobre el mar Caribe. Un arrullo lejano. El aura, que gime entre las abruptas cornisas montañosas a espaldas del pueblecito, entona melancólicas baladas amerindias ya usurpadas a esta tierra, e invade de improviso a los marineros que decidieron pasar las horas de oscuridad vagando en solitario por selvas o acantilados.

Nueva Providencia, como todas Las Bahamas, se prepara para otra noche templada y añeja en que el romanticismo desaforado torna en amorfa papilla los valores que la corona española tratara de imponer antaño. Nos encontramos en Nueva Providencia, la Isla de los Proscritos, la Sede de las Libertades, la República Romántica de los Piratas.

Ni a media yarda de las complejas formaciones coralíferas que, en variopinto mosaico, componen la apacible ensenada, se alzan atrevidas las primeras casitas blancas de un pueblo silencioso y sombrío. Los despojos ruinosos de lo que un día fue la gran muralla de Colón circundan a trompicones la superficie ocupada y ofrecen al poblado un aspecto sólido y cándido. Anchos senderos arenosos flanqueados por tierras de cultivo y abundante vegetación tropical, ascienden ladera arriba para ceñirse de pronto entre la madera y la cal de las estrechas calles empedradas. Unas callejuelas que pintan la nostalgia de tenue amarillo con las luces de sus lóbregos faroles, en virtud de finos pinceles, y que acomodan su forma a la caprichosa disposición de las sencillas casitas costeras, jamás superiores a la altura de dos pisos.

Quietud. Quietud sobrecogedora, envolvente. Y la estela efímera de un felino rasga en silencio la etérea oscuridad de la calle WoodLeg sin dejar rastro a su paso.


Alberto Cancio García