domingo, 4 de marzo de 2012

CATA-RATAS

Digamos que un poema,
empieza donde empieza,
y acaba donde acaba.
Y no hay más que lo blanco
en derredor. Uno ve lo negro,
porque es lo que hace ruido,
e inicia, por arriba, imparable la caída
que termina siempre abajo,
como todas las caídas. Y si acaso
una grafía... del terreno, crea duda,
engorrosa: se salpica sobre ella
la atención, ésta vuelve a arriba...
¡pero baja nuevamente tan a prisa!
Los bordes de lo negro configuran
como un marco inexpugnable,
son la roca que limita la cascada
de unos ojos cuando bajan
resbalando la pendiente, de un poema.
Porque eso es un poema en realidad:
La cascada que revienta de colores
el silencio natural del mundo blanco.








Alberto Cancio García

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